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QUINTO AÑO

Ciudad de México
Miércoles, 31 de agosto de 2016

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El sistema político mexicano presidencialista, aunque marcado gravemente por la corrupción: le dio hasta el año 2000 al país paz con libertad, teniendo, no obstante, como base de su funcionamiento, la crueldad. La crueldad psicológica. Un día un hombre, sin mayores merecimientos, sin una biografía hazañosa, sin ser un maestro o un gran capitán, es revestido rey absoluto, emperador sexenal. Desde ese día  el hombre así designado se ve tratado como un dios, quienes lo tuteaban y bromeaban con él le dicen a todo “señor Presidente, invariablemente sí señor Presidente” y le hablan de usted, su palabra es mágica, se traduce en actos.

Es una situación muy peligrosa para la salud mental del hombre en cuestión y, por supuesto, peligrosísima para el país. Pero por un milagro que ha dejado de serlo por su duración y repetición, salvo en dos excepciones, los hombres hechos dioses sexenales han sabido, sabrá Dios cómo, volver a ser hombres “normales”. Como los condenados a la pena máxima, conocen la fecha exacta de su muerte como dios. No puede haber situación más terrible.

Es seguro que todos ellos tuvieron, en el terrible quinto año de gobierno, la devoradora tentación de reelegirse, o de alargar su mandato, y solo el fantasma de la Patria, más que la relección de Obregón, les detuvo las ineludibles ilusiones. Porque un Presidente de México no es un hombre como los demás, sería vano negarlo: es un dios, es infalible, es todopoderoso. Y sin embargo, aquí aparece la crueldad; el día de tal año, a tal hora, ha de entregar su divinidad, su majestad, a otro hombre que, para colmo de crueldad en la situación, debe designar él mismo y ¿sólo él mismo?. Lo repito: no es el juego que todos jugamos, sino que todos miramos; es el juego de un solo hombre.

¿No empezará, por una inevitable reacción anímica, defensiva, a encontrar fallas en todos los que le rodean, a sorprender torpeza y antipatía en ellos, a sospechar deslealtades, posibles insuficiencias? – ¡Ojala así fuera hoy, precisamente hoy!- Después de todo tiene que entregar su poder, su majestad, su enorme y altísima representación. Yo creo demasiado en las reformas políticas ideadas por el rey –pero mal aplicadas por tránsfugas, por desleales inamovibles-; el odio, la envidia, la frustración, nunca han sido buenos legisladores. Pero creo que sería humano, al menos, crear un sistema distinto, democrático, que diera al fenómeno de la sucesión presidencial otro procedimiento menos autárquico, más de todos y nunca de uno sólo.

Tal vez lo que conocemos, y del que constantemente hablamos, como el pueblo, accediera a elegir realmente, por mayoría, dentro de los partidos al más apto, al que ha de ser candidato, desentendiéndose, siquiera por una semana de ver tv, que parece ser la esencia emotiva de su vida. No se crea, por favor, que quiero ofender al pueblo mexicano. El patriotismo es, lo he dicho otras veces, una pasión noble, tal vez la más noble de todas, pero el patrioterismo es la necesidad más insulsa y estupidizadora que puede sufrirse. No hay derecho a que los mass media le dediquen tanto tiempo y espacio a la televisión. Si fabricamos ídolos tontos, ¿de qué nos quejamos después?

Por

Mauro Benites G.
Coordinador Regional Evaluación y Seguimiento
PRI CDMX

@Mauro_PRI   mauben625@yahoo.com.mx

 



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